La torre y el mar

De WikiCAAD, la enciclopedia aventurera.

Contenido

Ficha técnica

Estado de Desarrollo

En desarrollo

Sinopsis

La guerra ha terminado, porque habéis sido derrotados.

Ni las altas murallas de la Vieja Ciudad del Ponto, la eterna Poliqueroesa, ni el valor de los descendientes de Alejandro, ni la fiereza de los lugiones, ni la pólvora de los líberos viajantes, ni la pureza de la Iglesia, ni el hierro forjado de los rollones pudieron detenerlos; pues el destino que ellos parece ser gobernar todo aquello que esté bajo su dios, Tengri, el Cielo.

Pero aún quedaba la Más Grande de las Naciones, o eso pensábamos. ¿Cómo podía sucumbir la Sacra Gudilia ante una horda de salvajes iletrados e impíos? ¿No era acaso la nuestra la nación que descendía de los Hombres Altos? ¿No era acaso la descendiente de los Hombres del Pelo de Mara? ¿No dominábamos por encima de las otras naciones maranas las ciencias y la hechicería? ¿No éramos los herederos del Primer Templo, del enrejonado de los grifos y los dominadores de las naves del cielo?

Habíamos cruzado el Mar Ancho, sobrevolando sobre los monstruos arrojados allí por los viejos dioses, habíamos encontrado las tierras de más allá y llevado la fe hasta una tierra de hombres y mujeres sumidos en la oscuridad. Éramos el pueblo nunca tocado, ¿cómo podríamos ser tocados ahora?, ¿cómo podríamos ser derrotados?

Pero lo hemos sido. Como el resto de los reinos iluminados por Mara, hemos sido vencidos por los nuevos señores venidos desde el Este. Y cómo el resto de los hechiceros tu poder ha sido extirpado por un Sacerdote Negro de Erlik y arrojado a las tenebrosas profundidades del Tártaro.

Sin tu poder no eres diferente a cualquier otro hombre. Sin tu poder no eres un peligro para los nuevos señores, y vales más libre y testigo de su victoria que esclavizado en una mina.

Por eso estás libre, de nuevo en este viejo puerto, lugar de tu infancia, al que no había regresado desde tu día del ungimiento y el descubrimiento de la luz de tu interior.

Aquí estás, de nuevo, en el destartalado puerto de Brigantia, a la vista de la Vieja Torre de los Fuegos, desprovisto de tu propio fuego, desprovisto de tu honor

Detalles

Por detallar.

Herramientas personales